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La narrativa moderna coreana se inicia en 1917 con la publicación de Lágrimas de sangre, una novela de Yi Kwangju (1892-1950?), apartada de la narrativa tradicional, presenta un lenguaje vivo y conciso, y una trama realista que huye de las antiguas fórmulas, donde primaba una excesiva fabulación. Con esta obra, se abre un período en que el escritor coreano, atento a la realidad que lo circunda, se enfrenta a la denuncia social y al recate de una identidad nacional en peligro de desparecer. Corea había sido invadida por Japón en 1910 y la nación sufrió un vasallaje que tenía entre sus objetivos borrar la autenticidad de la nación coreana. La mayor parte de los cuentos aquí recogidos, publicados entre la década del veinte y del treinta, funcionan como mecanismo de defensa de la amenazada identidad nacional. A pesar de la fuerte represión, los autores imprimen a sus obras una resistencia que encuentra su expresión en el empleo de diversos recursos. Uno es la denuncia de los sufrimientos de la sociedad; otro consistió en el rescate de las formas culturales autóctonas (“La chamana Mo-hwa”), los personajes populares (“Cuando florece el alforfón”), el amor a la nación (“La montaña roja”), las costumbres y los hábitos domésticos (“El huésped y mi madre”, “La mujer del escritor”), incluso el humor (“La gobernanta B y las cartas de amor”); y un tercero, quizá el que alcanzó una más alta intensidad literaria y es más conocido entre nosotros, que abrió una tendencia más introspectiva, donde la desesperación y la angustia rayan con el absurdo y los recursos vanguardistas. Este es el caso de Yi Sang (1910-1937), quien mediantesu intimismo torturante, sus sentimientos de absurdidad y extrañamiento, sus inquietantes juegos de paradojas levantaba una solapada reacción al colonialismo japonés (“Alas” y “Hastío”). Completan el volumen dos cuentos (“Crónica de infancia”, 1967; “Asako”, 1973), que la recopiladora y traductora, Lee Hye-kyung, ha querido entregarnos como muestras de la sensibilidad del pueblo coreano. El primero de ellos, sobre el rescate de la memoria de ese paraíso que es la infancia, y el segundo sobre los sorprendentes resortes del amor y el contraste entre la memoria y la realidad. La selección, sin duda, acercará al lector hispano a una rica tradición literaria que no nos puede ser desconocida; a una cultura singular y lejana en sus manifestaciones, pero cuyos componentes esenciales forman parte del acervo común de la humanidad.