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Aquel sábado fue el mejor de la vida de Silvestre, cine, cena, baile y un flechazo con una chica estupenda. Un dÃa perfecto que se prolongó hasta la mañana del domingo. Mientras, eufórico y optimista, comentaba la noche anterior con su amigo Andreu comenzó otro tipo de espectáculo. Era el 19 de julio de 1936 en Barcelona. Leyendo «Cola de ratón» visitaremos Nápoles, Mallorca, Barcelona, México, Arizona, Sicilia, Bélgica, Nueva York y algunos lugares más, siguiendo los pasos de una serie de personajes zarandeados por la historia muy a su pesar, que toman decisiones a veces acertadas y las más de las veces erróneas y que tienen que pechar con el azar y la necesidad de un tiempo convulso que acaba determinando su comportamiento. Y asumirán sus decisiones con la naturalidad del que las ve como algo inevitable e imposible de modificar. En un tono distendido que oscila entre la comedia y el drama, en la novela aparece una multitud de personajes ficticios y unos cuantos reales, cuyas peripecias se van cruzando o discurren paralelas entre sà y cuyo nexo de unión será nuestro protagonista, un Silvestre que no se toma demasiado en serio algunas de las tragedias que se desarrollan a su alrededor, contemplándolo todo a través del velo de la ironÃa. La novela nos da un enfoque de los acontecimientos diferente, alejado de la polarización (sobre todo en lo relativo a la guerra civil española) y de un dramatismo excesivo. «Cola de ratón» tiene mucho de novela de aventuras, sin dejar de mostrar la crueldad, el absurdo y la involuntaria comicidad de la guerra en ocasiones. El jazz (y el swing, su hermano pequeño) y algunas referencias cinematográficas salpican la narración. La documentación histórica es sólida y exhaustiva y está trufada de anécdotas verÃdicas o que pueden llamar la atención del lector. 10