¿Qué implica nacer y vivir con retroelementos y retrovirus endógenos, similares al VIH?: ¿Es el VIH la causa del Sida?

15,60 €

Autor(es): Carlos Arturo Guerrero Fonseca
ISBN: 9789871701353

Editor: ELALEPH.COM S.R.L.
Páginas: 206
Sello: elaleph.com
Colección:
Idioma: spa
País de edición: Argentina

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El objetivo de este libro cubre básicamente dos aspectos, primero señalar la importancia que tienen los retrovirus en la evolución de las especies, en el funcionamiento normal de los organismos y en la semejanza estrecha de los denominados retrovirus "exógenos" como el VIH y los HTLV con los denominados retrovirus endógenos. Segundo, indicar que las epidemias históricamente se han utilizado como un instrumento político para mantener aterrorizada a la población, porque las hacen ver como responsabilidad directa de los individuos y no como propia de las condiciones sociales, es decir, inherente al tipo de organización social, incapaz de solucionar las necesidades mínimas de la población. Así sucedió en la decadencia del feudalismo y está sucediendo en la del capitalismo. El autor señala que los genomas de todos los organismos descubiertos hasta ahora (virus, bacterias, hongos y animales en general) tienen la retrotranscriptasa inversa y tienen retroelementos, es decir, tienen los elementos básicos que posee el VIH y otros retrovirus "exógenos". Estos retroelementos facilitan el proceso evolutivo y han evolucionado junto con los organismos. Son causa y son efecto de la evolución. Los vertebrados y los mamíferos (incluyendo los humanos) además de retroelementos nacen y tienen durante su existencia retrovirus similares al VIH, denominados retrovirus endógenos. El medio ambiente influye en la actividad retroviral y determina si su función se ajusta a las condiciones fisiológicas o contribuye a eventos patológicos. Los retoelementos y retrovirus cumplen funciones importantes porque están regulados por hormonas, se ubican en regiones promotoras y controladoras de la expresión de los genes, son determinantes en la formación de la placenta y en su funcionamiento, determinan la longitud del telomero en los cromosomas, contribuyen a la recombinación meiótica y mitótica, entre muchas otras funciones trascendentales para la vida. El 1,5% del genoma humano son de retrovirus endógenos activos y ningún paciente que esté muriendo de inmunodeficiencia, y sea VIH positivo, jamás alcanza la cifra de virus que uno ya tiene en el genoma. Todos los retrovirus endógenos tienen una estructura y función idéntica al VIH, incluso se pueden intercambiar "pedazos" de genes o genes entre el VIH y los virus endógenos y ambos funcionar perfectamente. Ningún retrovirus "exógeno" como el VIH o HTLVs tiene un gen o maquinaria bioquímica destinada exclusivamente a destruir la célula. Tampoco los endógenos. Los retrovirus no son patogénicos per se, se replican bajo condiciones adversas para la célula como: desnutrición, alcoholismo, drogadicción, estrés crónico (psicológico o físico) transfusiones sanguíneas, trasplante de órganos, fármacos que produzcan inmunodepresión (corticosteroides y medicamentos utilizados contra el VIH, como los análogos a los nucleótidos, AZT, o sus derivados). En una población sana, cuando los individuos se infectan con retrovirus exógenos, incluido el VIH, solo un bajo porcentaje tiene alguna patología asignada al virus, son los denominados individuos susceptibles. Esta susceptibilidad no es distinta a la que se presenta para cualquier otro virus, incluido el virus de la gripe. Significa que no todos los individuos infectados con VIH ameritan tratamiento, solo recomendaciones de cuidados especiales: dormir bien, nutrición balanceada, deporte, sexo adecuado, es decir mantener su organismo sano y llegara a viejo como cualquier otro individuo sin VIH. Si una población es susceptible (drogadictos, desnutrido, etc.) la adquisición de un retrovirus exógeno simplemente acelera un proceso ya iniciado por su patología de base, siendo más importante corregir esta conducta social que dar tratamiento contra el virus. A pesar de tenerse este conocimiento, quienes controlan el poder imponen, con la complicidad de intelectuales bien remunerados que están a su servicio y mediante la prensa corporativa que dominan, la patraña generalizada de que la causa principal y única de las epidemias son los virus u otros microorganismos. Dicha noción impera desde el feudalismo, y aunque la burguesía revolucionaria la aclaró a su debido tiempo, el capitalismo en su fase imperialista volvió a retomarla.

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